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martes, 27 de marzo de 2018

¿No has sentido la necesidad
de quedar libre de ti mismo?

Sólo un momento, un rato, un día
para no ponerse la ética de diario
para no ser quien eres
y no obligarse a ser
quien los demás creen que eres.

No se trata de irse a ningún sitio
ni de quedarse tampoco
es ser otro
en las maneras de enfrentarse
o subyugarse.
Sin ahogarse.

Jugar como lo hacíamos
cuando éramos niños
cuando era posible
ser policía
y al minuto siguiente
volverse ladrón
o bueno o malo
sin conciencia.
Tener un alma intercambiable.

Dejar de ser uno
para rescatar las palabras
que se quedaron prendidas
de la historia.
Y salvarlas.

Para poder mirarse
desde fuera
enviando a nuestro juez
a la excedencia.
Y en ese momento, recordarse.

Para creer que aún hay tiempo
para todo
y pensar que el porvenir
es algo más que una colección de desastres
que nos irá llegando
por entregas.

Para echar al fuego
todo lo que no importa
aunque parezca presuntamente
importante.
Y esparcir las cenizas entre las flores.

Para hacer lo que uno sabe
que sólo nace en el deseo
que es febril y embaucador
y ser uno, así tambien
febril y embaucador.
Sin remordimientos.

viernes, 23 de marzo de 2018

Hay gente que todo lo somos
en pequeñito
felices, lúgubres, malditos
voraces, rebeldes, salvajes
pero todo en pequeñito.

Cuerpos con vocación de célula
cuya expresión de cantidad
comienza siempre a partir de dos.
Bosquejos de una obra mayor
cuyo autor dejó inacabada.

Almas de hormiga
sin hormiguero
que sabemos ir a la deriva
sin extraviarnos
y perdernos, sin embargo
al encontrar una brújula.

Salimos bien en las fotos
cuando el tamaño de la masa
nos hace indistinguibles de cualquiera.

Ignoramos qué es un individuo
porque nuestro espíritu es la tribu
la horda, la comunidad.

Y que a pesar de todo,
somos inimitables.

jueves, 22 de marzo de 2018

Marzo amanecía lluvioso
y femenino.
Me miraste fijamente
sólo cinco segundos,
el tiempo justo
para grabar en mi historia
la huella de tus ojos
clavados en los míos.
Las penas puestas a secar
en el tendedero
y tu mirada dentro
recorriéndome
y trayendo víveres
para el invierno interminable.
Te recuerdo que te dejaste una luz
que alumbra mis madrugadas
hasta el primer sol del día.
Si la necesitas para otra cosa
puedes venir a recogerla.
Pero mírame otra vez de esa manera.

martes, 20 de marzo de 2018

Echad algo al fuego,
porque hoy no soporto más inviernos.

Echad los recuerdos,
para que haya que escribir de nuevo
en el cuaderno de los días en blanco.

Echad los libros,
para volver a inventar palabras
de un solo destinatario.

Echad las pantallas,
para ver el mundo en directo
a través de unos ojos que no den frío.

Echad los malos presagios,
para que juntarnos sólo invoque futuros
limpios de especulaciones.

Echad las derrotas,
para que en los caminos sólo podamos avanzar
hacia delante.

Echad los secretos,
para que la luz reviente las ventanas
de todas las habitaciones cerradas.

Hoy no soporto más inviernos.

lunes, 19 de marzo de 2018

Para J.M., desaparecido todo el fin de semana
en el combate contra sí mismo.

A veces me envuelvo en recuerdos
como si fueran una droga.
Como lluvia a través de la ventana.
Sin querer, me dejo acunar
como un aprendiz de Cyrano
que tiene su hogar en las ausencias.
En esas horas, hago cosas en segundo plano.
El bulbo raquídeo, siempre de guardia,
se encarga de ellas.
Mientras, las neuronas andan
como ovejas perdidas
por las praderas del tiempo.
Brillan en la conciencia cicatrices
y se vuelven hacia dentro los sentidos.
Cuando advierto esta doble vida
que la mente se organiza a mis espaldas
intento regañarle, reconducirla, traerla.
Pero se niega, se encabezona y me hace escenas.
En ese momento, me la llevo a un bar
sé que allí sus resistencias se rompen.
Como otras tantas cosas.
La cerveza atenúa los contornos
de lo imposible
reduce la velocidad del mundo
y hace aterrizar la calma.
El universo se vuelve blando. Una esponja.
Apaga las luces que encandilan
y pone el hilo musical de una lástima
suave
que no puede gatear hasta los adentros
porque no es anfibia.
Es verdad que se resienten el equilibrio, la lengua y la decencia,
para los que nunca tuve grandes aptitudes
ni tampoco vocación.
Y me acerco a esa frontera, entre el naufragio
y el coma etílico
esa tierra de nadie donde las miradas
ya no dicen nada
porque los ojos no tienen ya qué reflejar.
El cerebro se reconcilia, hay abrazos
y un leve murmullo de felicidad
que exhalan las botellas vacías.
Después, esas mismas neuronas
me siguen como al flautista de Hamelin
en la travesía por mi ciudad secreta
preparándose bulliciosamente
como pájaros en la madrugada
para la vigilia del olvido
que durará
hasta que el cuerpo recobre
su peso corriente.

viernes, 16 de marzo de 2018

Quiero aprender a hablar contigo
un nuevo idioma
un verbo
que necesite dos lenguas
para hacerse carne.
Una torre de Babel para dos.

Los sustantivos serán
las partes de tu cuerpo
declinadas convenientemente
y apropiadamente reclinadas.

No habrá adjetivos
porque un prodigio
no se puede calificar.

Los verbos transitivos
serán tus gemidos
conjugados en todos sus tiempos
y enjugados en saliva.

Preposiciones no harán falta,
mucho mejor todas las posiciones
y sólo un adverbio de tiempo:
ahora.

jueves, 15 de marzo de 2018

Sé que no nos llamaremos
para no pronunciar nuestros nombres
en vano.
Sé que no desayunaremos nunca
a la vuelta de una noche larga
de andar rondándonos
como gatos desesperados.
Sé que no te invitaré a dormir
y que no me zumbarán los oidos
esperando tu respuesta.
Sé que no te tumbarás en mi sofá
mientras yo intento adivinar el color de tus ojos
y la forma de esa materia oscura que te late bajo el pecho.
Sé que no me faltará el aliento
cuando se derrame alguna lágrima
por nuestros respectivos desconsuelos.
Y sé que no buscaré tu abrazo
debajo de las sábanas
en esas horas muertas de la madrugada
en las que tocar al otro
es eso para lo que hemos nacido.
Todo eso lo sé
y todo lo desaprendo.