Algunos poemas son
como misiles teledirigidos.
Sólo tienen un objetivo
un único alguien los comprende.
Para los demás
son zumbidos en el aire,
ecos de lejanas explosiones.
A veces sólo el que escribe
los entiende
porque implosionan
en la historia de uno
o de dos
y el otro ya no está.
Otros son como balas perdidas
sin destinatario
que te hacen un agujero
cuando ya creíste que saldrías vivo
de aquella página.
Unos pocos, en cambio
son bombas de racimo
detonan en todos los ojos
y en todas las conciencias
destruyendo sus muros
dinamitando convicciones
descoyuntando razones
e inflamando flaquezas.
Son poemas que provocan
hemorragias internas de luz.
Los escriben quienes aman al mundo
sin condiciones
sin treguas ni acuerdos de paz
quienes saben cantar
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.
Pero yo no sé hacerlo.
Por eso, esta será la última entrada en el blog. Agradezco a todas las personas que lo hayan visitado en algún momento el que hayan paseado su mirada por estas letras. Poesía, pasión y belleza para todas.
Y ahora, acostumbrémonos al silencio.
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