No maltrates al deseo
ese frágil mercenario
que carece de bandera
de fe
y de calendarios.
No te quejes de que aparezca
en momentos inoportunos,
es más lúcido preguntarse
por qué se muestra tan esquivo
cuando debería estar presente.
No se puede sobornar al deseo
por eso siempre revela
todos nuestros secretos.
Oírlo cuidadosamente
nos enseña quiénes somos.
No se puede huir del deseo
ni acercarse a voluntad
procede de un magma extraño
como la fuerza de gravedad.
Aunque en superficie parezca
que se puede amaestrar.
No se debe edificar sobre el deseo
porque sus cimientos son de aire
a pesar de que respirar
sea eso que hacemos siempre
desde el instante en que nacemos.
No se puede atrapar al deseo
que viaja sin pasaporte
y sin libro de familia
que sabe hacerse invisible
en las fronteras que atraviesa.
No se puede ahorrar el deseo
como en una cuenta corriente
a plazo fijo tiene poco interés
y por si fuera poco, además
se devalúa con facilidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario