Dicen que no escribo
poemas con ilusión
o con algún sucedáneo.
Pero aún conservo cierta fe
en tres o cuatro cosas.
Sé que es poco
pero ya a esta edad
cada vez necesita uno
menos dosis de alimento.
Yo confío, no ciegamente
sino con mis nueve dioptrías
en la libertad como esencia
aunque Foucault
la pusiera contra las cuerdas
y ahí siga todavía.
Creo también en la voluntad
como diseñadora de alta costura
de la realidad
con más poder del que creemos
pero con menos rentabilidad
de la que le pedimos.
Creo en la palabra siempre
cuando es capaz de abarcar
sólo ese momento único.
Creo en lo que se regala
sin compromiso de devolución
ni plazos de entrega
sin impuestos
ni sanciones
Creo en quienes escriben
en las paredes
el bando de su revolución nocturna.
Creo en los que desafían
sin tener la retirada cubierta
y aún más,
en los que no saben retirarse,
porque esos son los míos.
Y en los que desconfían
de las aparentes ventajas de la comodidad,
porque nunca tendrán descanso
y también son los míos.
Y creo en la indescriptible sensación
de estar juntos en la lucha
cuando las miradas
entran hasta los intestinos
y a pesar de vernos las tripas
arriesgaríamos la piel por el otro
sin una sola duda.
Creo, en fin, en vosotros.
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