Marzo amanecía lluvioso
y femenino.
Me miraste fijamente
sólo cinco segundos,
el tiempo justo
para grabar en mi historia
la huella de tus ojos
clavados en los míos.
Las penas puestas a secar
en el tendedero
y tu mirada dentro
recorriéndome
y trayendo víveres
para el invierno interminable.
Te recuerdo que te dejaste una luz
que alumbra mis madrugadas
hasta el primer sol del día.
Si la necesitas para otra cosa
puedes venir a recogerla.
Pero mírame otra vez de esa manera.
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