Esperar.
Sin fechas ni plazos.
No es una ofrenda
ni es una promesa.
Es la forma en que lates
como una voluntad invisible.
En esta ausencia que amanece,
se abrazan nuestros miedos
y corren juntos de la mano
a través del tiempo
saltando incertidumbres
robando besos para comer
y sorteando charcos de olvido.
Duermen al raso
bajo un cielo estrellado de soledades
como dos niños de la guerra.
Atraviesan en silencio
el destino que nace cada día
y que crece en cada noche.
Aunque no vuelvas.
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