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viernes, 20 de abril de 2018

Algunos poemas son
como misiles teledirigidos.
Sólo tienen un objetivo
un único alguien los comprende.
Para los demás
son zumbidos en el aire,
ecos de lejanas explosiones.

A veces sólo el que escribe
los entiende
porque implosionan
en la historia de uno
o de dos
y el otro ya no está.

Otros son como balas perdidas
sin destinatario
que te hacen un agujero
cuando ya creíste que saldrías vivo
de aquella página.

Unos pocos, en cambio
son bombas de racimo
detonan en todos los ojos
y en todas las conciencias
destruyendo sus muros
dinamitando convicciones
descoyuntando razones
e inflamando flaquezas.

Son poemas que provocan
hemorragias internas de luz.

Los escriben quienes aman al mundo
sin condiciones
sin treguas ni acuerdos de paz
quienes saben cantar
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.

Pero yo no sé hacerlo.


Por eso, esta será la última entrada en el blog. Agradezco a todas las personas que lo hayan visitado en algún momento el que hayan paseado su mirada por estas letras. Poesía, pasión y belleza para todas.

Y ahora, acostumbrémonos al silencio.

jueves, 19 de abril de 2018

Los silencios no sólo son
ausencia de sonido
sino que están forjados
con su propia materia
de peso y densidad variable
según de dónde provengan.

Si el silencio te nace dentro
notarás un olor a soledad
a cueva antigua
donde los secretos
se han hecho murciélagos
adheridos al recodo más profundo
durmientes
hasta que en medio la noche insomne
salen en desbandada ciega
cuando ya nadie
ni uno mismo siquiera, oye.
A tu alrededor, los oídos
que florecen para tí se marchitan
y se mueren de hambre.

Cuando es afuera
donde nada se escucha
uno cree vivir en un cementerio
sólo visitable en días de fiesta
con las pisadas como únicas caricias.
Acuden los que un día te quisieron
y sin perder de vista la salida
te buscan durante un momento
en las turbias cicatrices del granito.
Espacio en que todo posible bullicio
es la música de los pájaros
sin un solo acorde humano.
Tu voz la devoran los gusanos
aunque su anhelado camino
fuera fertilizar sonrisas.

Pero cuando el silencio
lo envuelve todo
volvemos al estado fetal
y primigenio.
Como si estuviéramos en el útero
de una nueva madre
nos movemos si ésta se mueve
notamos su inquietud
y acusamos los golpes que recibe
sin saber nada de ella.
Todo rebota en el líquido amniótico
que nos deja sordos y mudos
y se hace posible el sueño inocente.
Nada lo atraviesa. Ningún sentido se despliega.

Entonces, para volver a vivir
para volver a escuchar
para volver a hablar
tenemos que ser paridos de nuevo.
Y comenzar otra vez
cubiertos de sangre
rompiendo el primer llanto
a la espera de que alguien corte
el cordón de los sueños perdidos
y de un viento hermano
que nos inunde los pulmones
y la vida.

miércoles, 18 de abril de 2018

Carta a mi yo del futuro:

Aunque me cuesta pensar en tí
con más años encima
de los que tengo ya hoy
creo que te debo estas palabras
por si alguna vez no recuerdas
como llegaste hasta ahí.

Seguro que no habrás arreglado la casa
que tenemos hecha una pena
entre yo y mis circunstancias
aunque deseo
que sigas encontrando razones
para no cerrar las ventanas
da igual que luego olvides
quitar el polvo del universo
que por las noches se acumula.

Espero que la lluvia
te guste todavía
y que sigas soñando aún
con navegar los mares del norte
vivir en un viejo faro
o en mitad de un monte lejano
buscando esa soledad distinta
porque no la ocupa nadie.

Te supongo cansado
de tus paseos solitarios
pero asombrándote todavía
de la proeza de la hierba
que crece en esos caminos
que tú ya nunca andarás.

Espero que sigas tomando
tus píldoras de rebeldía
contra esa mansedumbre crónica
que nos arde en los pulmones
y que ojalá aún deje entrar
la cantidad justa de aire
para seguir indignándote.

Y ojalá hayas dejado
esa felina costumbre
de ser perpetuo observador
y te hayas implicado, al fin
en algún extraño proyecto
sólo para verlo nacer.

Y sabiendo que estarás
mucho más solo que yo hoy
porque en eso consiste vivir
quiero pensarte contento
con los fantasmas, con los vivos
todos con ganas de fiesta
todos en hermandad.

Que el tiempo que se abre
entre este mi hoy y tu hoy
haya sido generoso
y tengas en la cuenta del pecho
algún pequeño capital
con el que afrontar esos días
ya tan pobres de futuro.

Te imagino sonriendo
mientras lees estas letras
pensando lo torpe que soy
y hasta lo mal que escribo
pero echándome de menos
como yo hago con ese niño
que estuvo antes que nosotros.

Espero que hayas querido
como siempre, sin garantías
y hayas segado sonrisas
en diez mil bocas en flor
en dos
o en una sola.

Y espero que aún recuerdes
a los que ahora me regalan
su amistad y sus alegrías
a quienes nos quisieron
a tí o a mí
en algún momento
aunque estén borradas sus caras
y tal vez deshechos sus nombres
yo sé que guardarás
con cuidado en viejas cajitas
el delicado batir de alas
de todos sus abrazos.

martes, 17 de abril de 2018

El tiempo se me echó encima
con su torpe forma de llegar
sin conceder ni una tregua
para preparar el momento.
Y eso que había esperado tanto.
Llegó sin su séquito
de arcángeles anunciadores
que otras veces
señalan con sus espadas
esos momento cruciales.
Me hizo crujir las costillas
con su peso ciego
y su voracidad infinita.
Sin dejarme respirar ni un futuro.
Vino adornado con sus collares
en los que brillaban rubíes de oportunidades
perdidas y zafiros
de pérdidas irreparables.
Ese día los pájaros cantaron
en otro idioma.
Todo el mundo recuerda qué estaba haciendo
en los momentos que se vuelven famosos.
Yo estaba haciendo un arroz
que se quedó a medio cocer
ya para siempre.
El tiempo recogió mis instantes inolvidables
que yo tenía desperdigados por la mesa y por la cama
porque, soy así, me gusta tenerlos cerca.
Y me dijo que eran suyos.
Requisó los recuerdos que utilizaba
para endulzar el té, mucho más saludables
que cualquier otro azúcar
pero que según él,
estaban caducados.
Puso las cosas en su sitio.
Ya conocéis su manía
de hacer limpieza general
y dejar las vidas como los chorros
de las lágrimas
que no hay quien las reconozca.

Y ese día no tuve con qué recordarte.

Menos mal que también existes
en una dimensión
que ni siquiera el tiempo
es capaz de imaginar.

viernes, 13 de abril de 2018

Conversaciones de la gente en el bus
mientras hablaban de otras cosas:

Enamorarse es un calabozo
para afectos culpables
de no haber aprendido
a anunciarse en Tinder.

El cuerpo es lo único
que te durará toda la vida.

La realidad es una subjetividad
que básicamente depende
de tu situación financiera.

La tolerancia es la beatificación
de la indiferencia.

La memoria es algo electrónico
cuya mayor ventaja
es poder formatearla.

El capitalismo es la definitiva continuación
de la guerra por otros medios.

Siempre es mucho mejor
lo contante y sonante
que lo constante y lo disonante.

La democracia es el sistema
que mientras privatiza el agua
y socializa la sequía
nos convence
de que nunca llueve a gusto de todos.

jueves, 12 de abril de 2018

No maltrates al deseo
ese frágil mercenario
que carece de bandera
de fe
y de calendarios.

No te quejes de que aparezca
en momentos inoportunos,
es más lúcido preguntarse
por qué se muestra tan esquivo
cuando debería estar presente.

No se puede sobornar al deseo
por eso siempre revela
todos nuestros secretos.
Oírlo cuidadosamente
nos enseña quiénes somos.

No se puede huir del deseo
ni acercarse a voluntad
procede de un magma extraño
como la fuerza de gravedad.
Aunque en superficie parezca
que se puede amaestrar.

No se debe edificar sobre el deseo
porque sus cimientos son de aire
a pesar de que respirar
sea eso que hacemos siempre
desde el instante en que nacemos.

No se puede atrapar al deseo
que viaja sin pasaporte
y sin libro de familia
que sabe hacerse invisible
en las fronteras que atraviesa.

No se puede ahorrar el deseo
como en una cuenta corriente
a plazo fijo tiene poco interés
y por si fuera poco, además
se devalúa con facilidad.

miércoles, 11 de abril de 2018

El sol del tiempo
nos reseca la piel.
Como a la tierra.

Mientras, por debajo
la vida continúa su camino secreto
como en la tierra.

Y las hierbas áridas del olvido
echan raices y semillas
para nuevos olvidos
como en la tierra.

Pero basta un chaparrón
de ojos y de manos
para devolvernos la fe.
Como a la tierra.

--

Dicen que la poesía
se escribe en soledad
pero están las risas como verso instantáneo
las frases escritas en servilletas de bar
las miradas de un solo destinatario
el idioma secreto de los suspiros
las inmersiones en el olor de los cuerpos.
Es poesía biodegradable
que no llega nunca a encuadernarse
y que va de paso hacia el olvido
aunque a veces, hace noche en los insomnios.

martes, 10 de abril de 2018

Dicen que no escribo
poemas con ilusión
o con algún sucedáneo.
Pero aún conservo cierta fe
en tres o cuatro cosas.

Sé que es poco
pero ya a esta edad
cada vez necesita uno
menos dosis de alimento.

Yo confío, no ciegamente
sino con mis nueve dioptrías
en la libertad como esencia
aunque Foucault
la pusiera contra las cuerdas
y ahí siga todavía.

Creo también en la voluntad
como diseñadora de alta costura
de la realidad
con más poder del que creemos
pero con menos rentabilidad
de la que le pedimos.

Creo en la palabra siempre
cuando es capaz de abarcar
sólo ese momento único.

Creo en lo que se regala
sin compromiso de devolución
ni plazos de entrega
sin impuestos
ni sanciones

Creo en quienes escriben
en las paredes
el bando de su revolución nocturna.

Creo en los que desafían
sin tener la retirada cubierta
y aún más,
en los que no saben retirarse,
porque esos son los míos.

Y en los que desconfían
de las aparentes ventajas de la comodidad,
porque nunca tendrán descanso
y también son los míos.

Y creo en la indescriptible sensación
de estar juntos en la lucha
cuando las miradas
entran hasta los intestinos
y a pesar de vernos las tripas
arriesgaríamos la piel por el otro
sin una sola duda.

Creo, en fin, en vosotros.

lunes, 9 de abril de 2018

Esos perdieron su casa ayer
y hoy ya están acabados.
Toda la ropa se les queda grande
aunque sólo han adelgazado
21 gramos de fracaso.

No te preocupes por ellos. Son los otros.

Aquellos nacieron en el otro extremo del mundo
o aquí, da igual
porque no son de ningún sitio
y siempre estarán fuera de lugar.

No te preocupes por ellos. Son los otros.

Esos de allá, en la calle, protestando
son los de la revuelta.
Los ves extraños, lejanos
y no entiendes su lenguaje,
aunque algo te hace pensar
que tal vez podrías estar ahí.

No te preocupes por ellos. Son los otros.

Estos creen que el orden es su voluntad.
Se protegen de su miedo creando terror para los demás.
Mienten cada día para proteger sus verdades eternas.
Traen a dios y a la patria
como si pudieran ser algo
distinto de lo que ya han sido.
Estos piden la pena de muerte
mientras dicen preservar
el derecho a la vida.

Preocúpate. Somos nosotros.

viernes, 6 de abril de 2018

Hace un tiempo, de improviso,
tuve un ataque de felicidad.

No fué una sorpresa,
porque se venía anunciando
con sonrisas a destiempo
desarmonía en los latidos
y el futuro muy inflamado.

Como tratamiento de choque,
quienes tenía alrededor
me pusieron una dosis de inseguridad
y me desfibrilaron la realidad.
En ese momento no lo sabían,
pero me salvaron la existencia.
Es decir, esto que las personas normales
suelen llamar vivir.

En el sanatorio de la rutina
otros felices como yo
revivíamos en la terapia
nuestros miedos más secretos.
Hasta que aprendimos a deletrear
desesperanza.

Hubo que esperar mucho
para neutralizar el placer
disolver los coágulos de dulzura
y relajar los músculos del deseo.

Ahora hago ejercicios con el olvido
y llevo una dieta baja en alegría.
Así consigo reducir
los besos intempestivos
y las ilusiones estrambóticas.

Reconozco que es cómoda
esta nebulosa gris
en la que se sumergen los días
en la que no hay que elegir
sino amoldarse
no hay que sentir
sino aquietarse
no hay que mostrar
sino ocultarse.

Pero cuando nadie me ve
me encierro en cualquier sitio
y te recuerdo.

jueves, 5 de abril de 2018

Se sentaron frente a frente.
Había que hablar de trivialidades,
herramientas de la normalidad
sin artificios.
La seducción enterrada
víctima de muerte violenta.
Sin autopsia.
Por debajo discurren ríos
de lo que no se dice.
Los cuerpos estáticos, neutros
asesinando a los recuerdos
que gritan en silencio
al caer en su fosa común.
El pensó en decirle
que su ternura podría ser más democrática
salir del centro
a su periferia
pero el pensamiento
se desangra por el camino
y llega cadáver a los labios.
Las voces resuenan como un aguacero
cayendo sobre la chapa.
No hay ni un simulacro de susurro.
Un puño clavado en el estómago
le señala que está sintiendo
una explosión nuclear.
Pero es una vasija de plomo.
Afuera sólo llega una pequeña exhalación,
un minúsculo temblor de la voz.
Sigue hablando inmóvil
las frases como nubes
flotando en el aire templado.
Unos ojos rastrean otros ojos
buscando una breve fisura
un indicio
pero las miradas vuelven exhaustas
tristes
sin ninguna presa.
Y siguen sirviendo sus voces
en bandejas de plástico
mientras con tinta simpática
miden las dimensiones
del desierto que los separa
aunque apenas hay veintisiete centímetros
entre una mano y otra mano
un metro y medio
entre sus ruinas y sus labios
absolutamente insalvables.
Y siguen pintando
el decorado frágil de esta rutina
recién inventada.
Detrás, guardarán a escondidas
uno del otro
lo que fué de los dos
para que se cubra con las blandas telarañas
de los dias y los meses.
Apilarán cajas con palabras
como única herencia
de este momento
en que la muerte es
exactamente
no poder decir
te quiero.

miércoles, 4 de abril de 2018

Hay palabras que vuelan
y hacen su nido
donde ellas quieren.
Son amapolas
en medio de conversaciones
blancas.

Y hay otras palabras
que nacen con vocación de secreto
y antes de abrir la boca
ya están tras la lengua, tras un diente
o en el sarcófago de la garganta.

Hay oídos como soles
que alumbran a todos los labios
cosechando todo fonema
que se encuentran a su paso.

Y hay otros oídos que no saben desvestirse
incluso en esos momentos
en los que, ruborizados,
se desnudan los silencios más duros
delante de su puerta.

Más triste que la ausencia
y que todos los adioses
es esta sensación
de no haber escuchado
esas palabras que nunca dijiste
la sensación de que
igual que vagones de tren que van enganchados
pero que sólo se tocan en esa conexión
nunca llegaremos a saber
lo que sentimos.

martes, 3 de abril de 2018

Lentamente
las palabras que no decimos
cuajan
y se vuelven piedras

el niño que está dentro
se las encuentra
juega con ellas
y las lanza

a los cristales
en los que, con su dedo sucio
había escrito tu nombre
y luego

con los vidrios rotos
intenta atrapar rayos de sol.

lunes, 2 de abril de 2018

Cada relación es un acorde único
una combinación exquisita de detalles
que engendran su propio lenguaje
sus costumbres
y sus calendarios.

Su cajón de las caricias
hechas a mano
para aliviar el frío.

Su diccionario particular
con todos los significados
de lo innombrable.

Su cubertería de miradas
con las que comerse
uno al otro.

Sus montoncillos de secretos
en las esquinas
más inaccesibles.

Su álbum de silencios
lleno de presunciones
atrapadas en blanco y negro.

Sus proyectos de futuro,
tejidos con la débil sutura
de los besos.

Toda una geometría
milimétricamente diseñada
y que se traga el tiempo
sin hacer siquiera un gesto.

martes, 27 de marzo de 2018

¿No has sentido la necesidad
de quedar libre de ti mismo?

Sólo un momento, un rato, un día
para no ponerse la ética de diario
para no ser quien eres
y no obligarse a ser
quien los demás creen que eres.

No se trata de irse a ningún sitio
ni de quedarse tampoco
es ser otro
en las maneras de enfrentarse
o subyugarse.
Sin ahogarse.

Jugar como lo hacíamos
cuando éramos niños
cuando era posible
ser policía
y al minuto siguiente
volverse ladrón
o bueno o malo
sin conciencia.
Tener un alma intercambiable.

Dejar de ser uno
para rescatar las palabras
que se quedaron prendidas
de la historia.
Y salvarlas.

Para poder mirarse
desde fuera
enviando a nuestro juez
a la excedencia.
Y en ese momento, recordarse.

Para creer que aún hay tiempo
para todo
y pensar que el porvenir
es algo más que una colección de desastres
que nos irá llegando
por entregas.

Para echar al fuego
todo lo que no importa
aunque parezca presuntamente
importante.
Y esparcir las cenizas entre las flores.

Para hacer lo que uno sabe
que sólo nace en el deseo
que es febril y embaucador
y ser uno, así tambien
febril y embaucador.
Sin remordimientos.

viernes, 23 de marzo de 2018

Hay gente que todo lo somos
en pequeñito
felices, lúgubres, malditos
voraces, rebeldes, salvajes
pero todo en pequeñito.

Cuerpos con vocación de célula
cuya expresión de cantidad
comienza siempre a partir de dos.
Bosquejos de una obra mayor
cuyo autor dejó inacabada.

Almas de hormiga
sin hormiguero
que sabemos ir a la deriva
sin extraviarnos
y perdernos, sin embargo
al encontrar una brújula.

Salimos bien en las fotos
cuando el tamaño de la masa
nos hace indistinguibles de cualquiera.

Ignoramos qué es un individuo
porque nuestro espíritu es la tribu
la horda, la comunidad.

Y que a pesar de todo,
somos inimitables.

jueves, 22 de marzo de 2018

Marzo amanecía lluvioso
y femenino.
Me miraste fijamente
sólo cinco segundos,
el tiempo justo
para grabar en mi historia
la huella de tus ojos
clavados en los míos.
Las penas puestas a secar
en el tendedero
y tu mirada dentro
recorriéndome
y trayendo víveres
para el invierno interminable.
Te recuerdo que te dejaste una luz
que alumbra mis madrugadas
hasta el primer sol del día.
Si la necesitas para otra cosa
puedes venir a recogerla.
Pero mírame otra vez de esa manera.

martes, 20 de marzo de 2018

Echad algo al fuego,
porque hoy no soporto más inviernos.

Echad los recuerdos,
para que haya que escribir de nuevo
en el cuaderno de los días en blanco.

Echad los libros,
para volver a inventar palabras
de un solo destinatario.

Echad las pantallas,
para ver el mundo en directo
a través de unos ojos que no den frío.

Echad los malos presagios,
para que juntarnos sólo invoque futuros
limpios de especulaciones.

Echad las derrotas,
para que en los caminos sólo podamos avanzar
hacia delante.

Echad los secretos,
para que la luz reviente las ventanas
de todas las habitaciones cerradas.

Hoy no soporto más inviernos.

lunes, 19 de marzo de 2018

Para J.M., desaparecido todo el fin de semana
en el combate contra sí mismo.

A veces me envuelvo en recuerdos
como si fueran una droga.
Como lluvia a través de la ventana.
Sin querer, me dejo acunar
como un aprendiz de Cyrano
que tiene su hogar en las ausencias.
En esas horas, hago cosas en segundo plano.
El bulbo raquídeo, siempre de guardia,
se encarga de ellas.
Mientras, las neuronas andan
como ovejas perdidas
por las praderas del tiempo.
Brillan en la conciencia cicatrices
y se vuelven hacia dentro los sentidos.
Cuando advierto esta doble vida
que la mente se organiza a mis espaldas
intento regañarle, reconducirla, traerla.
Pero se niega, se encabezona y me hace escenas.
En ese momento, me la llevo a un bar
sé que allí sus resistencias se rompen.
Como otras tantas cosas.
La cerveza atenúa los contornos
de lo imposible
reduce la velocidad del mundo
y hace aterrizar la calma.
El universo se vuelve blando. Una esponja.
Apaga las luces que encandilan
y pone el hilo musical de una lástima
suave
que no puede gatear hasta los adentros
porque no es anfibia.
Es verdad que se resienten el equilibrio, la lengua y la decencia,
para los que nunca tuve grandes aptitudes
ni tampoco vocación.
Y me acerco a esa frontera, entre el naufragio
y el coma etílico
esa tierra de nadie donde las miradas
ya no dicen nada
porque los ojos no tienen ya qué reflejar.
El cerebro se reconcilia, hay abrazos
y un leve murmullo de felicidad
que exhalan las botellas vacías.
Después, esas mismas neuronas
me siguen como al flautista de Hamelin
en la travesía por mi ciudad secreta
preparándose bulliciosamente
como pájaros en la madrugada
para la vigilia del olvido
que durará
hasta que el cuerpo recobre
su peso corriente.

viernes, 16 de marzo de 2018

Quiero aprender a hablar contigo
un nuevo idioma
un verbo
que necesite dos lenguas
para hacerse carne.
Una torre de Babel para dos.

Los sustantivos serán
las partes de tu cuerpo
declinadas convenientemente
y apropiadamente reclinadas.

No habrá adjetivos
porque un prodigio
no se puede calificar.

Los verbos transitivos
serán tus gemidos
conjugados en todos sus tiempos
y enjugados en saliva.

Preposiciones no harán falta,
mucho mejor todas las posiciones
y sólo un adverbio de tiempo:
ahora.

jueves, 15 de marzo de 2018

Sé que no nos llamaremos
para no pronunciar nuestros nombres
en vano.
Sé que no desayunaremos nunca
a la vuelta de una noche larga
de andar rondándonos
como gatos desesperados.
Sé que no te invitaré a dormir
y que no me zumbarán los oidos
esperando tu respuesta.
Sé que no te tumbarás en mi sofá
mientras yo intento adivinar el color de tus ojos
y la forma de esa materia oscura que te late bajo el pecho.
Sé que no me faltará el aliento
cuando se derrame alguna lágrima
por nuestros respectivos desconsuelos.
Y sé que no buscaré tu abrazo
debajo de las sábanas
en esas horas muertas de la madrugada
en las que tocar al otro
es eso para lo que hemos nacido.
Todo eso lo sé
y todo lo desaprendo.

martes, 13 de marzo de 2018

Un día de estos moriré.
Es decir,
reduciré mi escuálida presencia
a una forma aún más volátil.
Quedaré contenido
en el magma de vuestros recuerdos.
Iré desapareciendo
al compás de vuestras vidas.

Dejaré exiguas pertenencias
que se repartirán sin disputa
el contenedor y el olvido.

El montante principal
serán las deudas contraídas
con amigos, amantes, compañeros
a lo largo del camino.

Son bienes que casi nunca
pueden reintegrarse a tiempo
y jamás
devolverse con intereses.

Lamento no haber hecho algo mejor
con el capital que me prestaron
pero pasar desapercibido
ocasiona gastos exorbitados.

Mirad si mis logros son pocos
que el que tengo por mejor
es que hayáis sentido alguna vez
que podíais contar conmigo.

Si algo me deben, que no creo,
inviértanlo en cualquier persona
y como hicieron por mí,
siempre a fondo perdido.

Y después, acostumbrémonos al silencio.