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martes, 10 de abril de 2018

Dicen que no escribo
poemas con ilusión
o con algún sucedáneo.
Pero aún conservo cierta fe
en tres o cuatro cosas.

Sé que es poco
pero ya a esta edad
cada vez necesita uno
menos dosis de alimento.

Yo confío, no ciegamente
sino con mis nueve dioptrías
en la libertad como esencia
aunque Foucault
la pusiera contra las cuerdas
y ahí siga todavía.

Creo también en la voluntad
como diseñadora de alta costura
de la realidad
con más poder del que creemos
pero con menos rentabilidad
de la que le pedimos.

Creo en la palabra siempre
cuando es capaz de abarcar
sólo ese momento único.

Creo en lo que se regala
sin compromiso de devolución
ni plazos de entrega
sin impuestos
ni sanciones

Creo en quienes escriben
en las paredes
el bando de su revolución nocturna.

Creo en los que desafían
sin tener la retirada cubierta
y aún más,
en los que no saben retirarse,
porque esos son los míos.

Y en los que desconfían
de las aparentes ventajas de la comodidad,
porque nunca tendrán descanso
y también son los míos.

Y creo en la indescriptible sensación
de estar juntos en la lucha
cuando las miradas
entran hasta los intestinos
y a pesar de vernos las tripas
arriesgaríamos la piel por el otro
sin una sola duda.

Creo, en fin, en vosotros.

lunes, 9 de abril de 2018

Esos perdieron su casa ayer
y hoy ya están acabados.
Toda la ropa se les queda grande
aunque sólo han adelgazado
21 gramos de fracaso.

No te preocupes por ellos. Son los otros.

Aquellos nacieron en el otro extremo del mundo
o aquí, da igual
porque no son de ningún sitio
y siempre estarán fuera de lugar.

No te preocupes por ellos. Son los otros.

Esos de allá, en la calle, protestando
son los de la revuelta.
Los ves extraños, lejanos
y no entiendes su lenguaje,
aunque algo te hace pensar
que tal vez podrías estar ahí.

No te preocupes por ellos. Son los otros.

Estos creen que el orden es su voluntad.
Se protegen de su miedo creando terror para los demás.
Mienten cada día para proteger sus verdades eternas.
Traen a dios y a la patria
como si pudieran ser algo
distinto de lo que ya han sido.
Estos piden la pena de muerte
mientras dicen preservar
el derecho a la vida.

Preocúpate. Somos nosotros.

viernes, 6 de abril de 2018

Hace un tiempo, de improviso,
tuve un ataque de felicidad.

No fué una sorpresa,
porque se venía anunciando
con sonrisas a destiempo
desarmonía en los latidos
y el futuro muy inflamado.

Como tratamiento de choque,
quienes tenía alrededor
me pusieron una dosis de inseguridad
y me desfibrilaron la realidad.
En ese momento no lo sabían,
pero me salvaron la existencia.
Es decir, esto que las personas normales
suelen llamar vivir.

En el sanatorio de la rutina
otros felices como yo
revivíamos en la terapia
nuestros miedos más secretos.
Hasta que aprendimos a deletrear
desesperanza.

Hubo que esperar mucho
para neutralizar el placer
disolver los coágulos de dulzura
y relajar los músculos del deseo.

Ahora hago ejercicios con el olvido
y llevo una dieta baja en alegría.
Así consigo reducir
los besos intempestivos
y las ilusiones estrambóticas.

Reconozco que es cómoda
esta nebulosa gris
en la que se sumergen los días
en la que no hay que elegir
sino amoldarse
no hay que sentir
sino aquietarse
no hay que mostrar
sino ocultarse.

Pero cuando nadie me ve
me encierro en cualquier sitio
y te recuerdo.

jueves, 5 de abril de 2018

Se sentaron frente a frente.
Había que hablar de trivialidades,
herramientas de la normalidad
sin artificios.
La seducción enterrada
víctima de muerte violenta.
Sin autopsia.
Por debajo discurren ríos
de lo que no se dice.
Los cuerpos estáticos, neutros
asesinando a los recuerdos
que gritan en silencio
al caer en su fosa común.
El pensó en decirle
que su ternura podría ser más democrática
salir del centro
a su periferia
pero el pensamiento
se desangra por el camino
y llega cadáver a los labios.
Las voces resuenan como un aguacero
cayendo sobre la chapa.
No hay ni un simulacro de susurro.
Un puño clavado en el estómago
le señala que está sintiendo
una explosión nuclear.
Pero es una vasija de plomo.
Afuera sólo llega una pequeña exhalación,
un minúsculo temblor de la voz.
Sigue hablando inmóvil
las frases como nubes
flotando en el aire templado.
Unos ojos rastrean otros ojos
buscando una breve fisura
un indicio
pero las miradas vuelven exhaustas
tristes
sin ninguna presa.
Y siguen sirviendo sus voces
en bandejas de plástico
mientras con tinta simpática
miden las dimensiones
del desierto que los separa
aunque apenas hay veintisiete centímetros
entre una mano y otra mano
un metro y medio
entre sus ruinas y sus labios
absolutamente insalvables.
Y siguen pintando
el decorado frágil de esta rutina
recién inventada.
Detrás, guardarán a escondidas
uno del otro
lo que fué de los dos
para que se cubra con las blandas telarañas
de los dias y los meses.
Apilarán cajas con palabras
como única herencia
de este momento
en que la muerte es
exactamente
no poder decir
te quiero.

miércoles, 4 de abril de 2018

Hay palabras que vuelan
y hacen su nido
donde ellas quieren.
Son amapolas
en medio de conversaciones
blancas.

Y hay otras palabras
que nacen con vocación de secreto
y antes de abrir la boca
ya están tras la lengua, tras un diente
o en el sarcófago de la garganta.

Hay oídos como soles
que alumbran a todos los labios
cosechando todo fonema
que se encuentran a su paso.

Y hay otros oídos que no saben desvestirse
incluso en esos momentos
en los que, ruborizados,
se desnudan los silencios más duros
delante de su puerta.

Más triste que la ausencia
y que todos los adioses
es esta sensación
de no haber escuchado
esas palabras que nunca dijiste
la sensación de que
igual que vagones de tren que van enganchados
pero que sólo se tocan en esa conexión
nunca llegaremos a saber
lo que sentimos.

martes, 3 de abril de 2018

Lentamente
las palabras que no decimos
cuajan
y se vuelven piedras

el niño que está dentro
se las encuentra
juega con ellas
y las lanza

a los cristales
en los que, con su dedo sucio
había escrito tu nombre
y luego

con los vidrios rotos
intenta atrapar rayos de sol.

lunes, 2 de abril de 2018

Cada relación es un acorde único
una combinación exquisita de detalles
que engendran su propio lenguaje
sus costumbres
y sus calendarios.

Su cajón de las caricias
hechas a mano
para aliviar el frío.

Su diccionario particular
con todos los significados
de lo innombrable.

Su cubertería de miradas
con las que comerse
uno al otro.

Sus montoncillos de secretos
en las esquinas
más inaccesibles.

Su álbum de silencios
lleno de presunciones
atrapadas en blanco y negro.

Sus proyectos de futuro,
tejidos con la débil sutura
de los besos.

Toda una geometría
milimétricamente diseñada
y que se traga el tiempo
sin hacer siquiera un gesto.