Tus palabras son como ovejas
van en rebaño
huidizas
entran solas cada noche
en el redil de tu alma
Las pastoreas
evitas que se arriesguen
que se hagan daño
que enfermen
Cuando alguna se pierde
por libertad o falta de rumbo
vuelves a encerrarlas
en el cercado de tu boca
Allí las ordeñas
y con su leche fresca
alimentas la fantasía
que cada mañana
amanece hambrienta
Pero los oídos lobo
bajan a veces de su soledad
separan alguna
tal vez la más débil
la acorralan en rincones de voz
la devoran a dentelladas
y desaparecen
Se alejan con los tímpanos
llenos de sangre
es su naturaleza
y no es bueno domesticarlos
las palabras no nacen para ser cautivas
ni los oídos para el silencio.
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