El sol de enero
limpia la herrumbre
del otoño lento
de los días sin ayer
y sin mañana
de la ilusión infantil
de la fe del converso
de todo lo estéril
reajusta
el reloj del cuerpo
de los viejos
y de las salamandras
nos despega
de la realidad pastosa
y nos escupe despacio
sobre la seca tarde
recién parida
y mientras tanto, tú,
atravesando las estaciones.
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